La Impulsividad I

 

La impulsividad es directamente proporcional al tiempo que transcurre desde un estímulo y la respuesta a ese estímulo.
Cuanto menor es el tiempo de la reacción, mayor es la impulsividad.
Lo contrario de la impulsividad es la reflexividad, es decir, cuando pasa un rato entre el estímulo y nuestra respuesta, es que somos más reflexivos.
Tanto la impulsividad como la reflexividad son necesarias en la naturaleza, pero deben adecuarse a cada situación.
Si un león viene a comernos, no podes actuar de modo reflexivo, no vamos a estar analizando “es un mamífero, predador, come personas, puede venir con hambre, si tiene hambre puede comerme, debo buscar refugio, es un león adulto, los leones adultos no puede trepar árboles, debo buscar un árbol, allí hay un árbol, tiene ramas fuertes, si subo por la rama del este puedo alcanzar la cima más rápido …” antes de terminar de reflexionar en todo eso ya estoy en el estómago del león. Por lo tanto la impulsividad es necesaria en casos como estos, puedo cometer un error, y quizás huyo cuando el león no tenía hambre y se disponía a pasar de largo sin siquiera mirarme, pero es mejor en estos casos actuar impulsivamente y trepar al árbol aunque sea en vano.
Pero supongamos que me gano la lotería de fin de año. En este caso es necesaria la reflexividad. Es importante ahora detener la acción y pensar muy bien qué voy a hacer con ese dinero. Impulsivamente yo podría gastarme todo el dinero en la compra de un barco que veo en un puerto cuando estoy regresando de cobrar mi cheque, pero en este caso no es lo más saludable actuar por impulso, sino de modo reflexivo.
Reflexividad e impulsividad son herramientas con que contamos los animales superiores para desarrollar nuestras vidas. Como toda herramienta, tienen utilidad o no, dependiendo de cada circunstancia. Para clavar un clavo no me sirve de nada un destornillador, y para poner un tornillo no me servirá el martillo. Cada herramienta es la ideal para cada situación concreta.
Sin embargo, la impulsividad tiene mucho que ver con el estrés. Tendemos a ser más impulsivos cuando más estrés estamos atravesando.
El estrés es otra de las herramientas naturales que nos salvaban la vida en el pasado. Si venía un león, el estrés cumplía la función de inyectar adrenalina y cortisol en nuestro torrente sanguíneo, y con ello se aceleraba la respiración y el ritmo cardiaco, se enviaba sangre a los músculos para una rápida acción y se aceleraban los procesos de glucosa en los tejidos para obtener energía inmediata para la huída. El estrés era una especie de alerta roja que nos ponía en situación de protocolo de emergencia, donde todo nuestro organismo se preparaba rápidamente para una acción impulsiva que nos salvaría la vida. El organismo estaba listo, tenso, preparado para acciones rápidas, sin pensar demasiado o sin pensar directamente nada, solamente actuar rápido aunque fuera equivocado. Vemos que hay una directa relación entre estrés e impulsividad.
En aquellos días de nuestros antepasados, no vivíamos en un estrés permanente, sino en los momentos puntuales en que necesitábamos de ese mecanismo para salvarnos.
Cuando observamos un ciervo pastando en el bosque, no vemos signos de estrés. Mientras él se alimenta, sus orejas giran de un lado a otro analizando los sonidos de su entorno, pero su respiración y ritmo cardiacos son normales, relajados, está dedicado a alimentarse y disfrutar del bosque en paz.
Si alguna alarma se dispara por un sonido sospechoso, levantará la cabeza y apuntará ambas orejas a la zona de donde provino el ruido. Si se confirma la señal de peligro, el estrés toma el mando de la situación, se detienen las actividades de alimentación y se ponen en marcha los mecanismos de huída, apelando a la impulsividad para ello, es decir, primero huir, luego pensar de qué estamos huyendo. Muchas veces un ciervo huye por el revoloteo repentino de una perdiz que salió del matorral, luego de ser ahuyentada por otra de su especie que la echó de su territorio. El ciervo se detendrá más adelante y observará hacia atrás, comprobada la falsa alarma, todo vuelve a la normalidad y regresa a su actividad de alimentación tranquilamente.
Vemos que el estrés y la impulsividad son dos elementos que están siempre juntos.
¿Qué es lo que sucede en nuestros días?
Hoy el estrés es parte de la vida moderna. En el pasado éramos como los ciervos, vivíamos apaciblemente hasta que una alarma nos pusiera en alerta, pero fuera de ese periodo de tiempo corto, nuestra vida no convivía con el estrés.
El estrés duraba periodos de tiempo escasos. Si se presentaba la alarma, el estrés era la herramienta para salvarnos, y en espacio de unos pocos minutos se resolvía la situación, o nos salvábamos o nos comían, pero para un lado o para el otro la situación se resolvería en un breve lapso. Por lo tanto la impulsividad era algo presente por cortos periodos de tiempo. El resto de nuestra vida era reflexiva, como la del ciervo pastando.
En las grandes urbes convivimos con el estrés durante largos periodos de tiempo, y esto nos lleva a ser impulsivos cuando no debemos serlo.
A su vez, así como el estrés fuerza la impulsividad, cuando se fuerza la impulsividad se genera estrés, un ejemplo claro son los programas de preguntas y respuestas por tiempo, cuando se debe responder rápido antes que suene una chicharra, nuestra respiración y ritmo cardiaco se acelera, a pesar de que en teoría deberíamos mantenernos reflexivos para poder encontrar las respuestas.
Es importante por lo tanto realizar ejercicios que nos permitan mantener la reflexividad y controlar la impulsividad que nos lleva al estrés, y para ello hay una serie de juegos de inteligencia que desarrollamos trabajando en este aspecto.
Profundizaremos este tema en otras entregas.

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